La situación de Elías en la que se encuentra, es de miedo y desánimo, las ganas de colgar los guayos, como dicen en el argot deportivo. ¿Quién no ha tenido miedo y desánimo? Y en esa situación buscamos nuestra propia solución y es lo que hace Elías, “Él tuvo miedo, se levantó y se fue para salvar su vida”. Por eso huimos de Dios. Pero, esa solución sin Dios, al final, nos cansamos y nos rendimos sin valor ni siquiera para devolvernos. Esa es la situación de Elías. Y es la situación de la humanidad que corre tras muchas cosas: fama, poder, dinero, moda…
Pero allí, en la peor
situación aparece Dios. El texto de este domingo dice: De pronto un ángel lo
tocó y le dijo: «¡Levántate, come!» (1Re. 19, 5b). Pero, el desánimo de Elías
era tan grande que se volvió a dormir.
“Pero el ángel del Señor le volvió a tocar y le dijo:
«¡Levántate, come!” (1Re 19, 7).
El alimento del Señor es fortaleza inmensa, el texto de
este domingo termina: “Elías se levantó, comió y bebió, y, con la fuerza de
aquel alimento, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte
de Dios.” (1Re 19,8). Nos da fuerza para llegar hasta Dios, porque siempre nos
da más de lo que nosotros pedimos.
El Plan de Dios
Pero, el problema del ser humano es que no quiere
alimentarse de las fuentes que el Señor Jesús ha dejado en su Iglesia. El
cuarto evangelio tiene dos versículos muy interesantes: Uno es, escuchar “Todo
el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí”. Ese escuchar nos
debe llevar al encuentro con Jesús, y por eso El nos dice: “Yo soy el pan vivo
que ha bajado del cielo” (Jn 6, 51).
Dios nos sigue tocando para que nos levantemos y sigamos el
camino.
Por eso el apóstol Pablo nos exhorta, haciendo un paralelo entre
lo malo que debemos desterrar de nosotros y de lo bueno que debemos practicar. “Desterrad
de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad”; y
por otro lado, nos dice “sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros
como Dios os perdonó en Cristo”.
Que cantemos con el
salmo:
El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él (Sal 33).